VOCES DE CHERNÓBIL: EL MOSAICO DE LA DESGRACIA

No estaba yo muy por la labor de hacer reseñas… sea lo que se hacer reseñas, pero como en la encuesta que hice (y que podéis completar si os apetece) me pedíais que hablara de libros y yo soy una niña muy obediente he decidido empezar por uno de los que más me han impresionado el año pasado:”Voces de Chernóbil” de la premio Nobel de literatura 2015 Svetlana Alexievich.

Si no hubiera sido por este premio creo que no habría recordado lo que sucedió en  abril de 1986, mi memoria hace tiempo ha puesto en la sección desastres de la humanidad que olvido este hecho, igual que diversas guerras, hambrunas, desastres humanitarios de lo más variado y que se suceden día a día. No es una cosa que sólo me pase a mí. El exceso de información provoca que nos pertrechemos frente al dolor con una barrera de olvido. Eso nos condena, nos condena a repetir nuestros desastres una y otra vez, pero vuelvo al libro y a su autora.

El día 26 de abril de 1986, cuando Mijaíl Gorbachov estaba en el gobierno de la URSS y la Perestroika comenzaba a ser familiar, en la central nuclear  Vladímir Ilich Lenin (a 18 km de la ciudad de Prypiat, actual Ucrania) se realizaban unas pruebas simulando un corte de suministro eléctrico. Un aumento súbito de potencia en el reactor 4 de esta central nuclear produjo el sobrecalentamiento del núcleo del reactor, lo que terminó provocando la explosión del hidrógeno acumulado en su interior. Una pareja de recién casados recibe el aviso de que el marido, Vasili que es bombero, debe ir a la central a apagar el incendio que se ha producido: tres semanas después el hombre estará muerto y con él todos sus compañeros, que fueron enterrados en Moscú, bajo una gruesa capa de hormigón. Ese es el primero de los monólogos, de las voces que llegarán a nosotros que comienza de la siguiente forma “No sé de qué hablar… ¿De la muerte o del amor?¿O es lo mismo? ¿De qué?”. Es una historia de amor de padre, hijos, esposas, abuelos. Es una historia de muerte de padres, madres, hijos, esposas, abuelos. Es la historia del miedo a la radiación, esa que no se ve pero mata. Es la historia de la ineptitud de las autoridades incapaces de salvar a su pueblo, buscando enemigos imaginarios frente a los que defenderse mientras la radiación avanza matando lentamente y en silencio.

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Imagen extraída de photo pin

El ensayo esta compuesto por voces (monólogos) de mujeres, hombres y niños, que componen un mosaico permitiendo al lector tener una visión más o menos global de lo que sucedió: bomberos, limpiadores, soldados, ancianos y niños que pasan casi toda su vida en el hospital. Niños que juegan a ver morir a sus muñecos preparándose para un futuro devastador, inevitable “Estaba en el hospital. Y sentía tanto dolor que le pedí a mi mamá:<¡Mamaíta, no puedo más! !Es mejor que me mates!>” Las voces de los niños me  destrozan, se me encoje el estómago cuando leo sus palabras. “Cuente a todo el mundo lo de mi niña. Escríbalo.  A los cuatro años canta, baila y recita versos de memoria. Tiene un desarrollo intelectual normal, no se distingue en nada de los demás niños, solo que juega a otros juegos. No juega a las ni a la sino que juega con sus muñecas al , les pone inyecciones, les coloca el termómetro, les prescribe un gota a gota; la muñeca se le muere y ella la cubre con una sábana blanca”

Chernóbil es una historia de muerte, de vida, de convivencia con el dolor y el miedo,  porque sus habitantes, sus víctimas han aprendido a vivir con miedo, o a esconderlo en algún lugar recóndito para poder sobrevivir, porque lo duro, lo realmente duro de Chernóbil ha venido sucediendo, continúa ahora y tendrá consecuencias cientos y cientos de años… tal vez miles. No soy científico para saber hasta cuándo llegará.

El descuido de las autoridades, la falta de formación, la avaricia de unos y la necesidad de subsistir de otros, nos muestran que los daños causados por este accidente se extendieron de forma incontrolada aunque se quisiera hacernos creer lo contrario. Y es que, en la antigua Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (esa que se desmoronó) había planes económicos que cumplir que obligaron a continuar el cultivo de campos contaminados por la radiación. Muchas ciudades han quedado muertas a la espera de sus habitantes, que se fueron con intención de regresar pero nunca lo hicieron. Bielorrusia y Ucrania fueron arrasadas en 1986 por un mal más devastador y duradero que la Segunda Guerra Mundial, una destrucción silenciosa e invisible. Después de todo ¿quién ha logrado ver la radiación?

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imagen extraída de photo pin

Logro ver en esta obra la soledad, el recelo, el miedo, el dolor, la pérdida. Escucho las voces que  Svetlana Alexievich ha transcrito en su ensayo y me golpean con fuerza, hasta hacerme comprender como dice una de las personas que prestan su testimonio que “(…)en una palabra, he comprendido que en la vida las cosas más terribles ocurren en silencio y  de manera natural”. Pero hay algo más y es que parece que la escritora hubiera querido enmarcar esta obra con historias de amor tan profundo que resultan incomprensibles. Es la voz del amor sin límites lo que abre y cierra “Voces de Chernóbil” y me pregunto si no será porque, después de todo sea ese amor, lo que nos hace levantarnos a diario, lo que puede redimirnos.

Esta es una obra dura, que se puede leer a fragmentos, pero cuya lectura completa nos da una visión más amplia y nos protege del olvido.  De lo mejor que leí el año pasado. Palabra de lectora.

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Categorías: OTROS AMORES

1 comentario

  1. María José
    22 febrero, 2016

    Lo empecé a leer tras tu publicación en el blog, aún no lo he terminado. A pesar de que es una lectura dura, creo que es bueno no olvidar el pasado para no volver a cometer ciertos errores en el futuro, también como homenaje a tantas personas que murieron y que están sufriendo a causa de aquella catástrofe casi lejana. Gracias por tu recomendación.

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