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ESCRIBIRÍA AUNQUE ME PAGASEN

El otro día estaba hablando con una persona relacionada con el mundo de la literatura y me comentaba que los escritores tenemos una visión muy romántica del mundo y escribiríamos aunque no nos pagaran. Después de darle vueltas a la idea llegué a la conclusión de que hemos metido la pata hasta la ingle y que de ahí surgen buena parte de nuestras insatisfacciones,  que suelen ser de dos timpos tipos: económicas y personales.

Como no soy una persona especialmente romántica (al menos en el sentido que acabo de referir), merece la pena que los escritores (o cualquiera que se dedique a algo que le apasione pero no le de para mantenerse) partamos de una premisa diametralmente opuesta a la hora de enfrentar nuestra vocación

 

ESCRIBIRÍA AUNQUE ME PAGASEN.
 

Sí, es necesario ser sincero, lo que gano con derechos de autor no me serviría ni para mantener ni a mi ninfa  (vale, es posible que pudiera mantener a Susi porque es un bichito austero), pero no me permite independizarme económicamente, ni abandonar mi trabajo como abogada (tampoco sería realista pretenderlo con una única novela a mis espaldas). Pero lo cierto es que escribiría aunque me pagasen lo mismito que a Stephen King. En serio, seguiría currando y currando, desgranando una historia detrás de otra. Fíjate si amo escribir, que aunque estuviera forrada no lo dejaría.

Pero siendo sincera creo que el tiempo que le dedico a la escritura debería permitirme de una forma u otra ir ganándome la vida, o al menos darme cuenta de que voy por buen camino. ¿Qué hago mal? No lo he identificado aún, al menos no lo he identificado del todo. Sin embargo sí tengo claro que hay una parte en la que he actuado como una completa estúpida (y no soy la única): a la hora de publicar.

 

 

No es que la editorial con la que publiqué mi novela esté gobernada por seres infernales venidos de Mordor a hacerme la vida imposible, ni mucho menos.  Son personas encantadoras que llevan unas vidas similares a la mía. Sin embargo creo que, en general, los escritores nos dejamos arrastrar por un deseo brutal:

 

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Con tal de ver nuestro libro impreso en papel y en el escaparate de una librería o entre los montones de novedades, haríamos cualquier cosa. Mejor dicho nos dejamos hacer cualquier cosa. Firmamos contratos abusivos en los que al final quedamos sin ningún tipo de medio de defensa. Sé sincero, ¿sabes realmente cuantos libros se vendieron de tu novela?, ¿tienes algún tipo de certificación?, ¿cuántos se publicaron?, ¿qué es lo que sabemos?

 

NADA
 

Estamos desamparados y desinformados, pero no nos importa un mojón, porque hemos conseguido publicar y eso es lo que mola. Y las editoriales lo saben. Saben perfectamente que ansiamos publicar lo mismo que Gollum desea recuperar su tesoro. Y por eso algunas incluyen cláusulas abusivas a las que al principio no damos importancia, otras oscuras, algunas completamente contradictorias (se ve cada cosa…). Por no hablar algo aún más grave, no hay forma de controlar a la editorial y ni a las distribuidoras. No hay un medio que nos permita tener un conocimiento certero de lo que se ha hecho, pero nos da igual. ¡Coño, hemos publicado! Mira que bonito resulta tu libro en la mesa de novedades de esa librería que te visitas una y otra vez.

 
 

Pues bien mientras sigamos con esta mentalidad seguiremos siendo el último mono de esta feria. En la editorial y distribuidora se van a ganar la vida (no gracias a tu libro, sino posiblemente a los best-sellers que tengan) y tú sufrirás  pensando que te están tomando el pelo. Sentirás  frustración y volverás a preguntarte si merece la pena el esfuerzo de tantos meses (o años) que dedicaste a construir una historia, corregirla (o pagar para que te hagan una buena corrección), formarte, promocionarla…

 

¿Qué solución tiene este entuerto?
 

Se me ocurren básicamente tres individuales y otra de tipo colectivo, aunque tú podrás aportar alguna más:

  1. Lee el contrato antes de firmarlo. Publicar no es tan importante (te lo prometo). Si no estás seguro de lo que estás firmando te vas a sentir fatal después. Si dedicas tiempo a leer tu contrato hipotecario ¿cómo no vas a hacer lo mismo por tu manuscrito? No cedas tus derechos a lo loco, mira punto por punto qué es lo que estás suscribiendo.
  2. Negocia tu contrato cláusula a cláusula. Pide que incluyan las que entiendas que van a darte seguridad: certificaciones de imprenta, de stocks, de depósito… Algo que te permita tener una idea real de lo que se ha vendido.
  3. Conviértete en un escritor híbrido. Publica parte de tu obra en editoriales clásicas si crees que va a ser positivo y la otra parte hazla por ti mismo. Nunca he publicado en Amazon y se me hace un poco difícil (aunque estoy valorando hacerlo), pero estoy segura de que no lo es. También puedes buscar tu propia imprenta y distribuidora.  Puede que te conviertas en tu propia editorial y tengas el control pleno del producto del que te sientes orgulloso. No es la panacea, pero es una experiencia que tal vez te cause menos frustración que la publicación por vías convencionales.
  4. La solución colectiva sería llevar propuestas concretas sobre contratación a  las asociaciones de escritores para ser más fuertes. Este no es un problema de un escritor o de diez. Es el dolor de cabeza de muchos y si nos unimos podemos hacer más fuerza. Seguro que perteneces a alguna asociación y aunque está muy bien conocerse en alguna jornada literaria, sería estupendo proponer la creación de una ponencia que nos ayude a la hora de elaborar, examinar y suscribir nuestros contratos.
     
     

La buena fe contractual es estupenda, pero debemos buscar la forma de sustentarla sobre bases sólidas.
 

Esas  que contribuirán a dar mayor confianza y satisfacción a todos. Crear los medios que permitan al escritor tener control real sobre las cifras de venta no puede ser complicado. Tenemos instrumentos que permiten hacerlo. Sin embargo es necesario que haya voluntad por parte de quien ostenta la posición de fuerza.

Abandonemos la ingenuidad y el ansia de publicar. No nos dejemos llevar por el reverso tenebroso y exijamos que la fuerza y el sentido común nos acompañe. Cambiemos la forma de ver las cosas. Recuerda que tu trabajo no es gratis (ni mal pagado). Nuestra vocación no debe ser obstáculo para que recibamos una retribución justa. Permanecer en el desconocimiento no es romanticismo, es estupidez.

Hablar de dinero no es negativo, no te hace peor artista, ni peor persona. Ansias ganarte la vida escribiendo y para eso debes valorarte también de forma económica. No lo olvides.

¿Te reconoces en esta situación, ¿has encontrado los medios para evitarla? Estoy deseando escucharte.

 

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2 comentarios

  1. Margarita Hans
    27 Abril, 2017

    Muchisimas gracias por tu post, ni te imaginas cuanto me has ayudado, pues hace diez días que he mandado un borrador a una editorial. Por tanto, estar informado de todo esto es muy importante. Si les gusta (cosa que con sinceridad no veo yo certera del todo, ja ja) leeré bien el contrato.
    Muchos besos Anabel. 😀

    Responder
    • Anabel
      27 Abril, 2017

      Querida Margarita:
      Pues eso que leas bien el contrato porque es mejor demorarse un poco que tirarse de los pelos después. Por cierto, anímate que seguro que va a ir bien y si no es así tendrás que intentarlo hasta que se haga realidad lo que deseas. Un beso apretado.

      Responder

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