LAS LIBRETAS… OBSESIÓN FATAL

El espinoso tema de las libretas
Me llamo Anabel Rodríguez y soy una  adicta a las libretas. Reconocerlo es el primer paso, el primero para a no seguir comprándolas compulsivamente, porque ni siquiera consigo el tiempo suficiente para rellenarlas y así se me acumulan una detrás de otra y tengo una colección de libretas enorme (más de cuarenta sólo en un mueble) . En cuanto me acerco a una librería, papelería o a una bazar termino buscando libretas, me embobo contemplándolas. No puedo evitarlo… me gusta llevarlas de diferentes tamaños, clases, colores, con y sin espiral, estampadas, lisas… sólo tengo una manía, nunca compro Moleskine. Aunque creo que la responsabilidad es de ellos, de sus publicistas, para no faltar a la verdad. 





La primera vez que vi una Moleskine la anunciaban como la fabulosa libreta en la que escribían Ernest Hemingway, Bruce Chatwin  Picasso y claro, ante semejante magnificencia ¿qué podía ofrecer yo? Nada. Cualquier cosa que escribiese sólo  podía corromper semejante maravilla de libreta (y eso que era más simple que la unidad) Creo que no he sido capaz de escribir nada allí. No volví a comprar ninguna, me dan alergia, siento miedo de dañar con mi ineficacia tamaña obra de arte. En fin que para mí las Moleskine han muerto de éxito. Afortunadamente hay cientos de marcas y son preciosas: Edelvives, Paper Blank, Miquelrius.. hasta Chupa-Chups ha sacado una línea de libretas. 

Con el tiempo todos hemos contraído  “libretitis”: mi santo, las niñas…  y el número de libretas en esta casa se ha cuadruplicado. Ellos además dibujan (no es mi caso) y sus libretas se agotan antes y son más bonitas. Alternan dibujos, frases, pequeños relatos, chistes, poemas… lo mío no les llega a la suela de los zapatos.

Otra tanda de libretas
¿Para qué sirve una libreta en una sociedad como la nuestra en la que puedes tomar notas en cualquier sitio? Es cierto que puedo anotar o grabar lo que quiera en mi móvil, hacerlo inmediatamente y no se me escaparía nada, pero me gusta garabatear en la libreta, anotar reflexiones, frases de novelas, versos sueltos, pensamientos a media noche, conversaciones que escucho. Al cabo del tiempo vuelvo a esa libreta y ahí está todo: desordenado como mi cerebro, pero lo que me interesó en un momento determinado vuelve a mí  y me gusta que sea así, me gusta ese caos, me gusta que mis propias palabras me sorprendan ¿esto lo escribí yo? Ah, pues sí. No está mal. 
Dibujos letras de las libretas de mi santo ¿veis como lo suyo mola más?


Navegando he encontrado esta entrada de Diana P. Morales, creo que refleja muy bien lo que me sucede, la utilidad que encuentro a las libretas.
Mis amigos y familia  saben de mi adicción a las libretas y me regalan muchas. Sin embargo me he prometido a mí misma no comprar más hasta que vaya utilizando las que ya tengo.  En realidad me lo he prometido hace menos de un mes. Estoy en ello, pero no puedo evitar que los ojos se me vayan  como a otros se les va con la ropa, los aparatos electrónicos, los complementos… 
Mi cuerpo me pide libretas, pero he decidido que es el momento de apaciguar esa petición.  Tengo, al menos, unas treinta sobre las que no he puesto una línea… A la moleskine voy a seguir sin hacerle caso  mientras presuma de usuarios  ilustres y continuaré envidiando en la distancia el talento de mis niñas y de mi santo.
La libreta que vive ahora en mi bolso


Y vosotros ¿también lleváis libreta?, ¿preferís el móvil?, ¿cómo os las apañáis?

P.D. Aunque haya decidido no comprarlas, podéis seguir regalándome las que queráis, ¿eh? 


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