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¿CUANTAS BALAS NECESITAS PARA SER UNA ESCRITORA FAMOSA? MARÍA CAROLINA GEEL

Vuelvo a la carga para decirte una vez más que ni los escritores, ni las escritoras son santos. Comenzamos esta saga de escritores delincuentes o moralmente reprobables con William Burroughs y quería encontrar a alguien que estuviera a su altura “delictivamente hablando”. He hablado en otras ocasiones de Anne Perry y no me parecía de recibo traerla de nuevo, así que permíteme que te presente a una escritora muy conocida en Chile, aunque no lo sea tanto en nuestro país: María Carolina Geel.

Su verdadero nombre era Georgina Silva Jiménez y nació en  Santiago de Chila en 1913. Siempre me ha llamado la atención la facilidad que tienen los escritores chilenos para cambiarse el nombre y buscar otros que, siendo estupendos, no tienen porque mejorar los suyos reales (a las Gabriela Mistral y Pablo Neruda me remito).

María Carolina se ganaba la vida como  taquígrafa de la Caja de Empleados Públicos y Periodísticos. Casada en dos ocasiones y madre de un hijo, su paso por el mundo literario fue poco relevante (para el gran público) hasta que pasó lo que pasó (la tensión aumenta por momentos, ¿eh? te mueres de ganas de saberlo… no, no te mueras que hace feo)

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Su primera novela fue El mundo dormido de Yenia y lo  publicó (con su dinero) en 1946, tuvo una recepción controvertida, pero le permitió escribir Extraño estío (1947), un relato sobre la privacidad de una mujer adulta divorciada, lo que no es poco para la época. En 1949 se embarca en una serie de artículos de crítica literaria titulado Siete escritoras chilenas  (1949). Estos compilados después en forma de libro supusieron un compromiso con  otras escritoras contemporáneas y le otorgaron reconocimiento, publicando en periódicos y revistas muy conocidos en Chile. Durante esa época conoció y se ganó la amistad y el aprecio de escritores y críticos de la época, de personajes tan influyentes como Gabriela Mistral.

Así continuó su vida hasta el 14 de abril de 1955. Ese día se había citado con su amante, Roberto Pumarino (que recientemente había enviudado). Según algunas versiones Roberto  (quince años más joven que la escritora) le había pedido tiempo atrás que se casase con él, pero al parecer María Carolina no había aceptado ( y no es de extrañar pues llevaba dos separaciones a sus espaldas).  El hombre, molesto por la negativa, se comprometió con otra chica más joven para casarse. ¿Fue ese el detonante de su condena a muerte? María Carolina alegó que desconocía que Roberto se hubiera comprometido con otra.

La pareja había quedado en la cafetería del Hotel Crillón para hablar. En un momento determinado, sin que nadie pudiera preverlo, Carolina sacó una Baby Browning 6,35 mm (que había comprado días antes) y disparó  cinco veces a Roberto, al que deja muerto al instante, pues el primer disparo le dio en la cara. Dicen que después se acercó al cadáver y lo besó en la boca, diciendo después “¡Era lo que más quería en la tierra!”. Pues menos mal, porque si llega a ser lo que menos aprecia no quiero ni pensar lo que le habría hecho.

 
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Cuando la detienen y se inicia el procedimiento judicial alega que la pistola la había comprado para suicidarse y que el hecho de matar al pobre Roberto, obedeció a un impulso. Geel no se defendió en el juicio, ni buscó atenuantes. De todas formas le aplicaron una muy cualificada, al entender que actuó por arrebato (llámame descreída pero estoy convencida de que lo tenía preparado).

La condenaron a prisión durante 3 años y un día (lo que me parece una pena a todas luces escasa) y gracias a la intercesión de figuras como Gabriela Mistral consiguió que se le conmutase parte de la pena, tras cumplir un solo año de privación de libertad. Hay quien dice que ni siquiera estaba propiamente en la prisión, sino en el Pensionado, un ala de la cárcel destinada a gente con recursos, en la que  se dedicó a ir a misa, rezar y hacerse con la protección de las monjas en prisión. Es allí donde escribe el libro que le daría una popularidad sobresaliente en Chile y Argentina, Cárcel de Mujeres.

Este libro se centra más en los estados de ánimos  de las reclusas, que en la vida cotidiana de la cárcel. Carolina narra sus impulsos, su mundo confuso, su propia individualidad, aunque sorprende describiendo sin tapujos las relaciones amorosas entre las presas.  En ningún momento llega a referirse directamente a su propio crimen, evade de forma sistemática la palabra “asesinato” , no parece que exista arrepentimiento alguno por su parte.

 
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El éxito de la novela fue inmediato, el escándalo y el morbo estaban servidos. Las reediciones de la novela se han ido sucediendo a lo largo del tiempo en ambos lados del atlántico, sin embargo su figura es más conocida en su país natal que aquí. De todas formas el interés que  generó fue efímero y sólo publicó una novela más en los años sesenta, dedicándose sobre todo a ejercer la crítica literaria y sin asumir, ni hacer mención alguna al crimen que había cometida. Cuando falleció en 1996, toda su popularidad se había desvanecido hacía años, también cualquier recuerdo de su crimen se había esfumado pues padecía Alzheimer.

Por cierto que Carolina no fue la única escritora chilena que disparó a un amante en el Hotel Crillón, María Luisa Bombal hizo lo mismo quince años atrás, pero no logró matar al objeto de su odio . ¿Existía alguna maldición en el Hotel que impulsara a las escritoras a disparar a los hombres que habían tenido que ver con ellas? Nunca lo sabremos porque el hotel hace tiempo que no existe  (el edificio continúa en pie) y porque seguro que los amantes de las escritoras chilenas no se atreverán a pasar por allí.

 
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Leyendo notas aquí y allá, me he quedado con la impresión de que María Carolina Geel era una persona desequilibrada, inmadura e irresponsable (en el sentido de que no parece sentir ningún tipo de culpa o de asumir lo que hizo) ¿qué te parece a ti?, ¿crees que el éxito de la novela tuvo relación directa con su crimen? Espero ansiosa y sin pistola tus respuestas.
 

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