ENTREVISTA A LAURA CASTAÑÓN. TALENTO EN ESTADO PURO.


Los que visitáis este blog con asiduidad sabéis de mi admiración por Laura Castañón, no lo niego. Amiga, maestra, persona que emana sinceridad, sentido común y mucho amor. Fue internet y una foto de la “Torre de Espantaperros” lo que me hizo conocerla hace cinco años y desde entonces mi cariño y admiración ha ido en aumento. Fue una de estas casualidades que parecen pura magia. 
En estos años ha conseguido lo que parece un milagro, conseguir que una grandísima editorial publique su primera novela. Pero Laura no ha surgido de la nada. Durante años ha impartido clases de escritura creativa, talleres de lectura, corregido textos, ha ejercido el cargo de jefa de prensa de La Semana Negra de Gijón, etc…
Ha tenido la gentileza de concedernos una entrevista en esta sección que pretende consolidarse. Espero que disfrutéis tanto como yo

 La Puerta Deshecha:  La primera es obvia y supongo que te la habrán hecho un montón de veces pero es que el título de la novela es llamativo, ¿de dónde surgió?  Por qué “Dejar las cosas en sus días”.
Laura Castañón: Durante algún tiempo, mientras escribía, la novela era un archivo que se llamaba sintitulo.doc, pero poco a poco una canción se abrió camino en mi cabeza. Era Ya no es el que era ayer, una canción de un dúo de los años setenta, Víctor y Diego, especialmente unos versos que dicen: “Ya no quiere ni hablar ni recordar, lo que hiciera hecho está, para qué alimentar una agonía. Hay que dejar las cosas en sus días…” Tenía tanta fuerza que se impuso por sí misma, y me di cuenta de que a pesar de lo arriesgado que es poner un título con un verbo en infinitivo, ése era el título, porque ésa y no otra es la duda que planea sobre los personajes y la historia, la conveniencia de dejar o no las cosas en sus días.

Creo que es una novela muy bien documentada y localizada ¿cuánto tiempo dedicaste a la documentación de la novela?, ¿ha sido complicado?

Laura Castañón: El proceso de documentación siempre es maravilloso: descubres cosas, reafirmas otras, te sorprendes… No sabría decir cuánto me llevó porque tampoco lo hice de un modo sistemático, pero sí dediqué mucho tiempo a husmear en todo lo que pude pillar que se refiriera a la época, al ambiente. Y luego están las dudas continuas, mientras escribes, de forma que  en un par de líneas a lo mejor tienes que hacer dos o tres consultas hasta asegurarte de que no metes la pata.

Bustiello y “Dejar las cosas en sus días”


L.P.D. De todas las fases: documentación, ideación, escritura, corrección  ¿en cuál disfrutas más? , ¿o son amores diferentes?
Laura Castañón: No debería decirlo, porque me he pasado la vida señalándoles a mis alumnos la importancia de esta fase, pero lo cierto es que corregir no me gusta nada de nada… Sé que es imprescindible, pero me da muchísima pereza (insisto en que estaba mejor calladita, pero en fin…) El resto de las fases me gustan mucho, sobre todo la ideación y la escritura.

L.P.D. ¿Cómo te enfrentas al proceso de escritura?
Laura Castañón: Es un placer. Si no lo fuera no lo haría. Yo no entiendo ni entenderé nunca a la gente que dice que sufre tanto escribiendo, y que si la agonía de la página en blanco y… Si no fuera una actividad gozosa, si no me produjera una enorme felicidad, no escribiría. Ahora bien, también es cierto que hay momentos de duda, de si vas bien por ahí, o días en que parece que algo se te atraviesa, pero en general, para mí escribir es muy divertido

L.P.D. En alguna entrevista he leído que eres una persona muy activa y que ha sido la fibromialgia la que te da un hachazo que te obliga a detenerte  y escribir. Me niego a darle las gracias a la fibromialgia, pero es importante saber cómo se enfrenta uno a la enfermedad, cómo la supera, cómo se aborda la escritura o cualquier otra actividad en una situación como esa. (Yo soy migrañosa y cuando tengo crisis fuertes, de tres o cuatro días, lo paso francamente mal después, me siendo hundida, me cuesta trabajo volver a coger la vida por los cuernos)
Laura Castañón: Nunca se sabe, la verdad. Es cierto, yo llevaba una vida muy activa, mucho trabajo, mucha actividad… Y de pronto (bueno, de pronto no, porque es un proceso) vino la fibromialgia y la fatiga crónica, y tuve que detenerme. Te cambia la vida hasta un punto que no te puedes imaginar, porque lo que antes era sencillo se convierte en obstáculos insalvables, y entonces lo normal es que te sientas horrible, y que los pensamientos te aboquen a la depresión, y a mí esto me daba muchísimo miedo, no quería deprimirme por nada del mundo, así que traté de ver alternativas, cosas que sí podía hacer. Aprendí a hacer patchwork, que siempre lo cuento como algo gracioso, pero es verdad, y está muy relacionado, creo que tiene muchas similitudes con la escritura de una novela. Y me senté a escribir. Si no hubiera sido por la fibro no sé si lo habría hecho, porque para mí escribir siempre fue una especie de lujo, algo que solo hacía cuando “todo lo demás” (el trabajo, la casa, mis hijos, todo…) estaba hecho, o sea, casi nunca, y siempre me quedaba la mala conciencia de que igual tendría que estar haciendo otras cosas. De pronto tuve todo el tiempo para mí. Y así lo vivo ahora, con mucha tranquilidad, porque hago caso de mis ritmos y no me impongo demasiada disciplina. 


Laura Castañón 

L.P.D. Han definido tu novela como un río, para mí es más bien un árbol o un quilt. ¿Era esa tu pretensión desde el primer momento?, ¿crees que el hecho de emplear varios narradores bien diferenciados  ha contribuido a ese resultado?
Laura Castañón: La imagen del quilt es perfecta, por lo que te decía antes. Yo creo que una novela, al menos una de estas características, se construye a trocitos, desde las visiones de los distintos personajes, cada uno tiene su parte del secreto, su mirada sobre las cosas que complementa la de los demás y da sentido, y como en un quilt, el resultado tiene que ser como mínimo armónico. Creo que no habría podido escribirla de otra manera.


L.P.D. Consigues amarrar al lector desde la primera hasta la última página. Me recuerdo a mí misma sentada en una butaca incómoda, en verano, a las tres de la madrugada, angustiada porque quería terminar de enterarme de o que venía oliendo. Debes estar encantada del efecto que provocas. ¿Alguna receta mágica? 
Laura Castañón: Encantada claro que estoy… (risas) Cómo no estarlo… Algunos amigos iban contándome sus impresiones según iban leyendo, y yo tenía que morderme la lengua para no decirles cosas como “anda, que no sabes lo que te espera”… Y la receta… pues no sabría decirte. La dosificación, claro. Y ponerte en la piel del lector, no porque escribas pensando en el efecto, sino porque, al menos en mi caso, he escrito pensando en cómo me gusta a mí que me cuenten las historias. Parece que la forma en que a mí me gusta coincide con la forma en que mucha gente desea que le cuenten. Yo odio que me den finales de fuegos artificiales en los que todo es una sorpresa, tan sorpresa que jamás lo habrías imaginado. En esta novela he intentado hacer del lector un cómplice, suministrándole datos en las dosis adecuadas que le permitan ir elaborando su propia teoría, de forma que el final tenga una coherencia con eso que a lo largo de las páginas se ha ido formando en su cabeza. Hay lectores que llegan al final, sin embargo, sin haber caído en la cuenta de “las pistas”, y se sorprenden, pero entonces se dan cuenta de que, claro, cómo no, y todos los datos cobran sentido.

L.P.D. Estoy segura de que has escrito una novela que me gusta leer. De hecho la he regalado unas cuantas veces este año, pero tú ¿has escrito una novela que te gustaría leer?
Laura Castañón: Sí, eso justamente. Me he situado en esa perspectiva, en lo que me gustaría que alguien me contara y en cómo querría que lo hiciera. Sinceramente, yo no lo entiendo de otra manera.


Laura Castañón y Pedro Ojeda  autor del blog La Acequia, en Burgos

L.P.D.  Dejar las cosas en sus días” se ha publicitado como una novela sobre la memoria histórica y de ahí, por asociación de ideas se ha relacionado con la Guerra Civil, pero no es una novela sobre la Guerra Civil, podrías explicarlo un poco para los lectores de este blog.

 Laura Castañón: Es una novela sobre la memoria en el sentido más amplio, la memoria colectiva y la individual, sobre el pasado y la conveniencia o no de indagar en él, y sobre el modo en que en realidad ese pasado tiene tanto de ficción. Lo que ocurre es que la novela se desarrolla en unas coordenadas históricas determinadas, y un episodio tan fundamental en la historia del siglo XX como la Guerra Civil no es ajeno, tanto como consecuencia de lo ocurrido en las décadas anteriores (que de hecho están tratadas mucho más ampliamente), como el hecho de que la fractura de la guerra condiciona las vidas de los protagonistas, su visión de la historia y de su propia historia.

L.P.D. Se habla de esta novela como parte de una trilogía. Tú te has encargado de desmentir que trate  sobre la familia Montañés, ¿puedes decirnos cuál será el elemento que la vertebrará?
Laura Castañón: Es una cuestión temporal, sobre todo. El periodo histórico, el siglo y pico de historia y las circunstancias tan particulares, que articulan la vida de las personas. Y luego está el asunto de que algunos personajes se cruzan en la historia, aparecen haciendo un cameo, o tratados de forma lateral, pero para quienes hayan leído Dejar las cosas en sus días, les servirá para iluminar determinados ámbitos de la vida. Es algo que a mí como lectora me encanta, y ya sabes que escribo como me gusta leer…

L.P.D ¿Los personajes estaban fijados en tu mente desde el primer momento, han ido creciendo con la novela, o ha pasado de todo un poco?
Laura Castañón: Ha habido de todo, porque son muchísimos personajes. Algunos, los principales, estaban en mi cabeza desde el principio: Aida, con su tenacidad y su deseo de explorar los territorios del pasado, Bruno, con su inconsistencia sentimental y su personalidad ambigua, Andrés Braña, entre la memoria y el olvido, Paloma como vehículo narrativo, Claudia, enamorada de  Ángel para siempre… Esos estaban muy claros desde el principio, pero otros surgieron sobre la marcha, como los Baizanes, o como Eusebi, y luego algunos que iban a ser muy muy secundarios (y es el caso de Efrén y Camino) adquirieron protagonismo y gozan del favor de los lectores hasta extremos que a mí me asombran.


     L.P.D: Sé que Camino y Efrén son algunos de los personajes favoritos de los lectores. Sé que Paloma también lo es, pero ahora voy a confesarte algo: a mí me da muchísima pena Sidra. No le has dado ni un respiro, es que parece conducida a la fatalidad desde su más tierna infancia. ¿Le ha pasado a alguien más esto de engancharse a un personaje negativo o tengo que comenzar a preocuparme por mi salud mental?
 Laura Castañón: No, no, qué va… Le pasa a más gente. Alba González Sanz, que es poeta y crítica, se ha declarado fan absoluta de Sidra, y tengo una amiga que no me perdona que haya sido tan malvada con ella. Pero es un personaje mucho más frecuente en esa época de lo que podría parecer desde nuestra perspectiva actual. Y me he encontrado lectores que me hablan de personajes de sus familias, mujeres marcadas por la desdicha y la amargura.

L.P.D:   Me gusta saber qué leen los escritores  así que dime, ¿qué libro estás leyendo ahora y cuál ha sido el último que te ha gustado?
Laura Castañón: Ahora mismo leo El valle del asombro, de Amy Tan, que sale precisamente estos días. Tengo una cita con ella para presentarla en el Centro Niemeyer de Avilés, que estará aquí el 12 de marzo. Y de lo último que he leído, me ha gustado La mala luz, de Carlos Castán, que es un escritor por el que siento una enorme devoción desde que leí su primer libro de relatos, Frío de vivir.

L.P.D.En compensación a la primera pregunta de la entrevista, ¿qué pregunta no te han hecho hasta el momento y te gustaría que te hicieran?
Laura Castañon: Nunca me han preguntado qué me llevaría a una isla desierta, y  eso me deprime mucho, porque es que aún no he llegado al grado de celebridad… (risas)




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