COMO UNA NOVELA: DANIEL PENNAC

Daniel Pennac

“El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”… , el verbo “soñar”…” A mí se me dan fatal las citas, sin embargo hay frases que te golpean y se vuelven parte de ti.  La frase que acabo de trascribir es de  Daniel Pennac. Creo transmite con fuerza todo la esencia de Como una novela. Este ensayo de es una oda al lector, una declaración de amor en toda regla al mundo de los libros, una mirada crítica a la imposición, a la “pedagogía” que pasa por la obligatoriedad de las lecturas

Este ensayo pone de manifiesto como hemos conseguido que el libro se convierta en un enemigo para muchos lectores, en un  objeto contundente, en un bloque de eternidad, en la materialización del tedio y así, nuestro extremo amor a los libros ahogado en muchos otros el deseo de leer. No es culpa de la tele, de los videojuegos, no es culpa de los amigos ni de la sociedad, es que no sabemos provocar amor por la lectura porque hemos transformado las novelas, la poesía, los ensayos en objetos arrojadizos: en meros libros.
Destaca el autor la importancia de leer en voz alta a nuestros hijos, cuando son pequeños, cuando no lo son tanto, transmitir ese amor por la lectura incluso a quien ya sabe leer. Hacerlo en clase, en casa. Aún recuerdo cuando estaba en bachillerato y la profesora que tuve en primero y en COU , Teresa Quintanilla, nos leyó en voz alta Los Cachorros de Vargas Llosa. Estaba deseando que llegase esa clase para que trajera el montón de libros, nos diera uno por pareja y paseara entre nosotros leyendo, sin más. Pichulita Cuellar aún vive en mi memoria y creo que no soy la única. Por cierto, ¡qué maravillosa persona y profesora  es Teresa Quintanilla!
Si conseguimos provocar el amor a la lectura, ese amor incondicional que te hace entrar de cabeza en una historia será todo un logro porque “el placer de leer no teme a la imagen, ni siquiera a la televisiva, aun cuando se presente bajo  forma de avalancha diaria. Pero si el placer de leer se ha perdido (si como se dice a mi hijo, a mi hija, a la juventud, no les gusta leer), no está muy lejos. Sólo se ha extraviado. Es fácil de recuperar”. No debemos perder la esperanza, ni el impulso, leer, leerles en voz alta, hacerlos partícipes sin más de nuestro placer, a fin de contagiarselo a nuestros hijos.
Posiblemente otro de los problemas con respecto a la literatura es que en la enseñanza se ha convertido poco menos que en un catálogo de autores y obras, sin mayor interés. Un catálogo en el que se imponen lecturas, comentarios de textos, etc.. ¿alguien no odiaba las lecturas obligatorias? Era la actitud del profesor de turno la que te provocaba adicción o rechazo, su saber hacer la que te conducía hacia la pasión de la lectura o hacia la fobia. Odié el Quijote durante segundo y tercero de bachillerato, si Dios existe sabe que no miento.
También se refiere el autor a esa excusa tan recurrente que empleamos cuando ya no tenemos instituto, y nadie nos obliga a leer: ¿de dónde saco el tiempo para leer? pues bien, “el tiempo para leer siempre es tiempo robado. (al igual que el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar). ¿Robado a qué?. digamos que al deber de vivir” Si se me permite en este extremo yo aplicaría un principio (que me viene dado por la actitud de mi padre) que siempre he tenido bastante claro: uno no puede esperar a tener tiempo para hacer algo que quiere hacer, sea lo que sea. Yo leo sin tiempo, escribo sin tiempo, amo sin tiempo. No puedo esperar, no puedo darme excusas y deseo que los demás tampoco se las pongan.
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Es un ensayo ameno e interesantísimo. Posiblemente la parte más conocida del mismo sea aquella en la que Pennac proclama los derechos de lector. Derechos que hago míos y que os aconsejo que hagáis lo propio:
  1.  Derecho a no leer.
  2. Derecho a saltarse las páginas
  3. Derecho a no terminar un libro
  4. Derecho a releer
  5. Derecho a leer cualquier cosa (cualquier cosa, he dicho)
  6. Dercho al bovarismo. Que en muchos sitios lo he visto sustituido por el derecho a leer lo que me gusta y que el autor lo define como “la satisfacción inmediata y exclusiva de nuestras sensaciones: la imaginación brota, los nervios se agitan, el corazón se acelera, la adrenalina sube..” 
  7. Derecho a leer en cualquier sitio
  8. Derecho a hojear
  9. Derecho a leer en voz alta 
  10. Derecho a callarnos

Pues eso, leer no admite imperativos, pero admite mucho entusiasmo y amor. A los que amáis de forma expansiva la lectura me parece que os encantará. A los que “no os gusta leer” os permitirá reencontraros con los libros. ¿Tenéis algún consejo más que podamos incluir entre los derechos del lector? Os espero.

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